Un Dogon mirando el legado de su tribu.

Volamos entonces cinco mil años en el pasado y nos vamos al oeste de Africa a una localidad llama Mali, en donde la tribu de los Dogones está reunida presenciando una gran tormenta. Los rayos iluminan la noche y entre la lluvia un objeto brillante se confunde entre el juego de luces. Un barco en el cielo era la única comparación que los más sabios de la aldea pudieron suponer, un mensaje de los dioses. La nave de luz bajó velozmente y se detuvo sobre un gran estanque. Atemorizados pero muy curiosos los Dogones mayores se acercaron al lugar en donde el extraño objeto descansaba. Valientes y preparados para enfrentar a lo que saliera de la compuerta que se abría, los Dogones se mantenían unidos y temblorosos invocando a sus deidades. Ocho siluetas descendieron hacia el agua y se acercaron tranquilamente hacia los atemorizados morenos. Las luces de los rayos permitieron revelar el aspecto mitad hombre y mitad pez de estos seres del espacio. Los Dogones se inclinaron a reverenciar a lo que asumieron como encarnación de sus dioses a quienes llamaron Nommos “Los señores del agua”. A través de telepatía los seres anfibios se comunicaron con los Dogones y se presentaron como instructores, explicándoles que venían de la estrella más brillante y querían compartir conocimiento sagrado con la tribu. Ese día la Tierra estaba alineada con Sirius, la estrella “Dos Perros” o “Cannabis” como la presentaron los Nommos, según la figura que genera la constelación en el cielo y por ser en realidad dos estrellas, pero eso lo descubrirían más tarde.

Representación de los hombres pez en la cultura Védica.

La sorpresa de estar en la presencia de estos seres alienígenos solo fue superada por su invitación a dar un paseo por la galaxia. Pero la única forma en que los Dogones podrían emprender el viaje sería comiendo un extraño alimento que contenía las propiedades de la planta nativa de los Nommos. La comprensión de lo que estaba ocurriendo había sido completamente superada para los aborígenes de Mali, pero después que el alimento psicoactivo hizo efecto en la mente de los Dogones líderes, la desesperación y el miedo cesaron por completo. Nunca antes se habían sentido de esta forma, era como si su cuerpo flotara y no pudieron contener la risa al darse cuenta de la extraña apariencia de estos seres; tres dedos en cada mano, sin orejas, cuellos arrugados y en vez de piernas, los cuerpos de los visitantes terminaban como el de un pez. Antes de subir a la nave se despidieron felices de los más curiosos Dogones que se habían acercado a presenciar el gran evento.

La estrella Sirius en la constelación Canis Mayor.

En el portal de entrada de la nave los Dogones se encontraron con una pared de líquido que debían traspasar hacia un ambiente completamente acuoso en el que quedaron extrañados al poder respirar sin dificultad. Una vez todos adentro la nave se elevó en un abrir y cerrar de ojos fuera de la Tierra. La telepatía se reanudó para comenzar la clase del cósmos. Partieron recorriendo el Sol y los Nommos lo presentaron como el eje central del sistema de planetas y como ese, existían muchos más. Pasearon por lo anillos de Saturno y por las  lunas de Júpiter, y luego se dirigieron hacia Sirius.

Los Dogones conocen el cosmos.

La brillante estrella se hizo cada vez más grande a los ojos de los Dogones que por un momento quedaron completamente encandilados. A través de la comunicación mental pudieron saber que Sirius era más de dos veces el tamaño del Sol. Entre la incandescencia apareció otra estrella más pequeña de color blanca, que sería bautizada por los Dogones como “Po Tolo”. Pudieron observar una tercera estrella de color rojo mientras descendían al planeta de los Nommos. Bajaron por una densa capa de nubes hasta que apareció la superficie que asemejaba un océano infinito. Instintivamente los aborígenes intentaron buscar tierra con la vista, pero en ese lugar no existía. La nave se deslizó sobre el agua hasta que apareció una civilización flotante en donde desembarcaron. Los Dogones fueron recibidos con mucha cordialidad por algunos habitantes del extraño planeta. Los invitaron a recorrer las infraestructuras sobre la superficie y luego los llevaron a recorrer dentro de una nave más pequeña el gran complejo submarino que albergaba los distintos tipos de vida del planeta. Absolutamente maravillados y con su conciencia alterada, los Dogones recibieron la información sobre la relación que tuvieron los Nommos en tiempos antiguos con los Egipcios, sus ancestros culturales. Al ver seres de gran tamaño desplazándose en el agua, los Dogones se asustaron y para tranquilizarlos, los Nommos les explicaron que existen en la Tierra seres que están a cargo de su cuidado y que son muy parecidos a ellos, y que incluso hay algunos gigantes acuáticos que producen una sintonía que protege al planeta (hacían referencia a ballenas y delfines).

El planeta acuático de los Nommos.

Antes de volver a su hogar, los Dogones recibieron un regalo por parte de los Nommos que se reunieron para desearles buen viaje, esta era una hermosa planta que decoraba alguno de sus jardines, tanto en la superficie, como en algunos sectores sumergidos. La explicación telepática de la importancia de la planta sagrada Cannabis era que les permitiría obtener todo lo necesario para vivir una vida plena en su planeta. Su tallo les proporcionaría infinitas posibilidades para construir viviendas, herramientas y ropa, sus semillas serían fuente de alimento y las flores de las hembras sanarían enfermedades y proporcionarían al hombre la manera de comunicarse con frecuencias mentales elevadas.

Disfraz Dogon representando a los Nommos en la conmemoración de su llegada.

Los Dogones despertaron cerca de sus hogares como si todo hubiese sido un gran sueño, pero junto a ellos creciendo en la tierra había gran cantidad de las plantas extraterrestres y sus semillas regadas por el suelo.

Y como esta no es una historia de Disney, también había un lado oculto de estos seres del espacio, cuando les daba hambre (les venía el bajón) con su lengua bífida succionaban la sangre a través de la nariz de los Dogones. En las lluvias se los podía ver bajar de sus naves, pero si no querían ser el almuerzo de los hombres-pez, era mejor arrancar. Dicen que hasta el día de hoy siguen visitándolos y se espera su llegada pronto.

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